martes, 5 de abril de 2011

Pánico en Japón por el desastre nuclear de Fukushima


De Hiroshima a Fukushima pasando por Chernóbil. El mundo se vuelve a asomar al abismo de una catástrofe nuclear y, una vez más, lo hace en Japón. El único país que ha sufrido en sus propias carnes la detonación de dos bombas atómicas – en Hiroshima y Nagasaki al término de la Segunda Guerra Mundial – se enfrenta ahora a una peligrosísima fuga radiactiva en la central de Fukushima, a 250 kilómetros al noreste de Tokio. Se trata ya del peor accidente nuclear tras el desastre de Chernóbil, la planta de la extinta Unión Soviética que propagó una nube tóxica por el norte y centro de Europa y aún hoy sigue provocando tumores malignos y horrendas malformaciones genéticas.

Por tercer día consecutivo, hubo una explosión en otro de los seis reactores de la central de Fukushima – en este caso el número 2 – y se declaró un incendio en el número 4. Estos siniestros, unidos a los estallidos de días anteriores en los otros dos reactores, han formado una nube radiactiva que ya ha llegado a Tokio. Aunque las autoridades insisten en que los niveles de contaminación son bajos y no entrañan un riesgo para la salud, en la capital nipona se ha desatado el pánico y miles de personas han hecho acopio de víveres, agua, sacos de dormir, linternas y velas.

En un discurso televisado, el primer ministro, Naoto Kan, ha ordenado que toda la población en unos 30 kilómetros a la redonda de la central de Fukushima – unas 140.000 personas – permanezcan encerrados en sus casas y con las ventanas selladas. Según el Gobierno nipón, los niveles de radiación en las cercanías de la planta son entre 100 y 400 veces superiores a lo permitido.

De los 800 empleados que estaban intentando a la desesperada enfriar los reactores de la central, ya sólo quedan 50, auténticos héroes anónimos que se están jugando la vida en una lucha titánica por paliar una tragedia que se antoja ya irreversible, y que en los próximos días no tiene visos de mejorar, sino de empeorar. A la devastación del terremoto y el tsunami del viernes, que barrió la costa noreste de Japón y cuyo balance final superará los 10.000 muertos, se suma ahora un apocalipsis nuclear que no habrían imaginado ni los mejores cómics “mangaDe los 800 empleados que estaban intentando a la desesperada enfriar los reactores de la central, ya sólo quedan 50, auténticos héroes anónimos que se están jugando la vida en una lucha titánica por paliar una tragedia que se antoja ya irreversible, y que en los próximos días no tiene visos de mejorar, sino de empeorar. A la devastación del terremoto y el tsunami del viernes, que barrió la costa noreste de Japón y cuyo balance final superará los 10.000 muertos, se suma ahora un apocalipsis nuclear que no habrían imaginado ni los mejores cómics “manga”.